Uno de los desafíos a los que se enfrentan los padres es qué hacer
ante los enfados y los comportamientos agresivos de sus hijos.
Un paso básico consiste en diferenciar entre enfado y agresión. El enfado es un estado anímico temporal. La agresión es un acto realizado con la intención de causar daño a otra persona, o de destruir algún objeto o propiedad.
Si bien el enfado es una emoción normal y, en cierto modo, inevitable en todo ser humano. La agresión representa un modo abusivo de lidiar con el enfado, y los adultos tenemos que enseñar a los niños, desde pequeños, otros modos alternativos para descargar su frustración y para conseguir sus objetivos. El comportamiento agresivo en niños pequeños puede conducir a problemas mayores con posterioridad.
Un paso básico consiste en diferenciar entre enfado y agresión. El enfado es un estado anímico temporal. La agresión es un acto realizado con la intención de causar daño a otra persona, o de destruir algún objeto o propiedad.
Si bien el enfado es una emoción normal y, en cierto modo, inevitable en todo ser humano. La agresión representa un modo abusivo de lidiar con el enfado, y los adultos tenemos que enseñar a los niños, desde pequeños, otros modos alternativos para descargar su frustración y para conseguir sus objetivos. El comportamiento agresivo en niños pequeños puede conducir a problemas mayores con posterioridad.
Actos que resultan en daño pero no son intencionales no se clasifican
como comportamiento agresivo. A veces los niños que juegan juntos
pueden dañarse sin querer. Desgraciadamente los niños no siempre saben
distinguir entre actos intencionales y accidentes. Los padres deben
ayudar a los niños a diferenciar entre ambos: “Mira Pedrito, María no te
ha hecho daño a propósito, se le ha escapado la pelota”.
Pero a veces los niños sí comenten intencionadamente actos agresivos para conseguir satisfacer sus deseos. Por ejemplo puede pegar a un niño para quitarle un juguete con el que quiere jugar. Los padres deben ayudar al niño a desarrollar métodos alternativos para alcanzar sus objetivos.
Pero a veces los niños sí comenten intencionadamente actos agresivos para conseguir satisfacer sus deseos. Por ejemplo puede pegar a un niño para quitarle un juguete con el que quiere jugar. Los padres deben ayudar al niño a desarrollar métodos alternativos para alcanzar sus objetivos.
AYUDEMOS AL NIÑO A CONTROLAR SU IRA
Un enfado desbordado puede convertirse en ira. Los niños y adolescentes que no pueden controlar su ira tienden a comportamientos agresivos y conflictivos como pegar, mentir, robar, faltar al colegio, abandonar los estudios, así como consumir drogas.
Las enseñanzas de los padres en el hogar son las más valiosas ya que son las que más efecto tienen en el niño. Para ayudar a los niños a controlar su enfado es importante: validar sus sentimientos, alentarles a expresarlos y enseñarles a controlarlos.
-Valida sus sentimientos. Valida el derecho del niño a enfadarse. Que
sepa que es aceptable tener todo tipo de sentimientos, incluso el
enfado. Un modo de validar los sentimientos del niño es denominarlo:
“Pedrito, pareces enfadado. Ven cuéntame qué te pasa”. Abraza al niño
cuanto exprese sus sentimientos, o cuando está evidentemente molesto
pero no los verbaliza.Un enfado desbordado puede convertirse en ira. Los niños y adolescentes que no pueden controlar su ira tienden a comportamientos agresivos y conflictivos como pegar, mentir, robar, faltar al colegio, abandonar los estudios, así como consumir drogas.
Las enseñanzas de los padres en el hogar son las más valiosas ya que son las que más efecto tienen en el niño. Para ayudar a los niños a controlar su enfado es importante: validar sus sentimientos, alentarles a expresarlos y enseñarles a controlarlos.
-Alienta la expresión de los sentimientos. Enseña a tu hijo a revelar
sus sentimientos. A medida que los niños saben expresar lo que sienten
es menos probable que su enfado se transforme en ira. He aquí algunas
estrategias que ayudarán a fomentar la expresión de los sentimientos:
Lleva a cabo actividades con tus hijos. El tiempo que paséis juntos crea oportunidades para revelar sentimientos.
Pregunta a los niños de qué quieren hablar. No hagas caso omiso de sus intereses.
Habla con ellos a la hora de acostarse. Léeles cuentos, haz que hablen de sus cosas.
Alienta las formas de expresión como dibujo, música, baile.
Pregúntales sobre sus opiniones, y coméntalas.
No les reprendas o humilles por sus sentimientos.
No les interrumpas.
Agradece a los niños que compartan sus sentimientos contigo.
-Enséñales a controlar los sentimientos. Importante para controlar la ira es ir aprendiendo las habilidades para desenvolverse en la vida. En este sentido es importante ayudarles a que sean personas competentes:
Ofréceles opciones y alternativas. Cuando los niños aprenden a pensar sobre la base de que tienenopciones y alternativas, disminuye el riesgo de que se sientan frustrados o airados cuando sus necesidades quedan bloqueadas, ya que han aprendido a generar respuestas alternativas. Además el hecho de que tengan posibilidad de elegir reduce la sensación de impotencia y crea una sensación de confianza.
Interacción interpersonal. Enseña a tus niños que no están solos en el mundo y que su comportamiento ejerce un efecto en los demás. Su manera de tratar al prójimo influirá en el trato que ellos reciban. Es importante enseñarles a ponerse en el lugar del otro.
-Predica con el ejemplo. Controla tus expresiones de enfado. En los padres tienen los niños los modelos más importantes en sus vidas. Enséñales, a través de tu comportamiento, que es lícito enfadarse a veces, pero ese enfado nunca va a traducirse en agresión a nadie ni a nada.
-Vigila la violencia en sus video juegos y programas de televisión. Estos ejercen también un poderoso efecto en los niños. Selecciona con cuidado los video juegos que entran en tu casa, así como los programas de televisión que tienen permitido ver. Esto es especialmente importante en los primeros años de vida, cuando están formándose las estructuras morales del niño.
Lleva a cabo actividades con tus hijos. El tiempo que paséis juntos crea oportunidades para revelar sentimientos.
Pregunta a los niños de qué quieren hablar. No hagas caso omiso de sus intereses.
Habla con ellos a la hora de acostarse. Léeles cuentos, haz que hablen de sus cosas.
Alienta las formas de expresión como dibujo, música, baile.
Pregúntales sobre sus opiniones, y coméntalas.
No les reprendas o humilles por sus sentimientos.
No les interrumpas.
Agradece a los niños que compartan sus sentimientos contigo.
-Enséñales a controlar los sentimientos. Importante para controlar la ira es ir aprendiendo las habilidades para desenvolverse en la vida. En este sentido es importante ayudarles a que sean personas competentes:
Ofréceles opciones y alternativas. Cuando los niños aprenden a pensar sobre la base de que tienenopciones y alternativas, disminuye el riesgo de que se sientan frustrados o airados cuando sus necesidades quedan bloqueadas, ya que han aprendido a generar respuestas alternativas. Además el hecho de que tengan posibilidad de elegir reduce la sensación de impotencia y crea una sensación de confianza.
Interacción interpersonal. Enseña a tus niños que no están solos en el mundo y que su comportamiento ejerce un efecto en los demás. Su manera de tratar al prójimo influirá en el trato que ellos reciban. Es importante enseñarles a ponerse en el lugar del otro.
-Predica con el ejemplo. Controla tus expresiones de enfado. En los padres tienen los niños los modelos más importantes en sus vidas. Enséñales, a través de tu comportamiento, que es lícito enfadarse a veces, pero ese enfado nunca va a traducirse en agresión a nadie ni a nada.
-Vigila la violencia en sus video juegos y programas de televisión. Estos ejercen también un poderoso efecto en los niños. Selecciona con cuidado los video juegos que entran en tu casa, así como los programas de televisión que tienen permitido ver. Esto es especialmente importante en los primeros años de vida, cuando están formándose las estructuras morales del niño.
ESTRATEGIAS PARA IMPLEMENTAR CUANDO EL NIÑO ACTÚA CON AGRESIVIDAD
-Actúa inmediatamente. Después que el niño pegue, empuje, o muerda, aplica las consecuencias que correspondan, sin dilación, así comprende que ha obrado mal. Por ejemplo, si sorprendes a Pedrito tirándole del pelo a la hermanita, dile inmediatamente que eso no se hace y ponlo en “tiempo aparte.”
-Sé constante. Para que el niño aprenda que un comportamiento no es aceptable (pegar, o morder) siempre tiene que recibir consecuencias ante las acciones inaceptables.
-Implementa consecuencias realistas. Las consecuencias tienen que ser realistas y relacionadas con la acción. Si Pedrito empuja a los otros niños en el parque, hazlo que deje de jugar, y se siente a ver cómo los otros niños juegan. Explícale que cuando se haya calmado y sea capaz de jugar sin empujar a los otros niños, entonces podrá volver con ellos.
-Enséñale comportamientos alternativos a la agresión. Enséñale a respetar turnos, a comunicarse con los otros niños sin tener que recurrir a pegar o empujar.
-Mantén la calma. Mientras estés solucionando una situación de agresión, recuerda mantener la calma. Habla con un tono calmado y bajo. Evita los gritos y los tonos de regaño, que dan un mal ejemplo al niño. Si eres capaz de mantener la calma en una situación agitada estarás ofreciendo a tu hijo el mejor ejemplo a seguir.
-Premia los comportamientos adecuados. Alaba con frecuencia, a lo largo del día, al niño cuando esté realizando los comportamientos adecuados: jugando tranquilamente, compartiendo juguetes, comiendo adecuadamente, y portándose bien.
-Favorece que tenga suficiente actividad física diaria. Los niños tienen torrentes de energía que necesitan descargar. Favorece que pueda correr, saltar y desfogarse todos los días.
-Busca ayuda. Si pese a todos tus mejores esfuerzos observas que tu hijo exhibe comportamientos agresivos que no sabes cómo controlar, acude a tu pediatra o psicólogo para una orientación personalizada para tu niño.
-Actúa inmediatamente. Después que el niño pegue, empuje, o muerda, aplica las consecuencias que correspondan, sin dilación, así comprende que ha obrado mal. Por ejemplo, si sorprendes a Pedrito tirándole del pelo a la hermanita, dile inmediatamente que eso no se hace y ponlo en “tiempo aparte.”
-Sé constante. Para que el niño aprenda que un comportamiento no es aceptable (pegar, o morder) siempre tiene que recibir consecuencias ante las acciones inaceptables.
-Implementa consecuencias realistas. Las consecuencias tienen que ser realistas y relacionadas con la acción. Si Pedrito empuja a los otros niños en el parque, hazlo que deje de jugar, y se siente a ver cómo los otros niños juegan. Explícale que cuando se haya calmado y sea capaz de jugar sin empujar a los otros niños, entonces podrá volver con ellos.
-Enséñale comportamientos alternativos a la agresión. Enséñale a respetar turnos, a comunicarse con los otros niños sin tener que recurrir a pegar o empujar.
-Mantén la calma. Mientras estés solucionando una situación de agresión, recuerda mantener la calma. Habla con un tono calmado y bajo. Evita los gritos y los tonos de regaño, que dan un mal ejemplo al niño. Si eres capaz de mantener la calma en una situación agitada estarás ofreciendo a tu hijo el mejor ejemplo a seguir.
-Premia los comportamientos adecuados. Alaba con frecuencia, a lo largo del día, al niño cuando esté realizando los comportamientos adecuados: jugando tranquilamente, compartiendo juguetes, comiendo adecuadamente, y portándose bien.
-Favorece que tenga suficiente actividad física diaria. Los niños tienen torrentes de energía que necesitan descargar. Favorece que pueda correr, saltar y desfogarse todos los días.
-Busca ayuda. Si pese a todos tus mejores esfuerzos observas que tu hijo exhibe comportamientos agresivos que no sabes cómo controlar, acude a tu pediatra o psicólogo para una orientación personalizada para tu niño.
QUÉ HACER ANTE LAS RABIETAS
Algunos niños pueden tener rabietas, se tiran al suelo golpeando con brazos y piernas y profiriendo alaridos o gritando, a veces en la calle, dejando a los padres avergonzados y sin saber cómo actuar.
El primer paso es ver por qué los niños tienen rabietas. Generalmente hay dos razones principales. La primera es la imposibilidad para controlar sus emociones. Cuando los niños no pueden regular sus emociones no están muy seguros sobre qué hacer cuando se sienten tristes, enfadados o frustrados. Por lo que se tiran al suelo, dan patadas y gritan, en un intento por decir: “Ayúdame, estoy fuera de control”.
La otra razón por la que los niños cogen rabietas es para controlar ellos la situación, y conseguir algo que quieren.
Prevenir las rabietas
Algunas rabietas pueden evitarse antes que ocurran. Observa el momento en que tu niño es más dado a exhibirlas: ¿cuando está cansado, o tiene hambre? Si es así planea las actividades, que suponen un exigencia para el niño, cuando éste esté descansado y haya comido.
A veces las rabietas se pueden producir por no haberse cumplido las expectativas del niño. Por ejemplo si siempre le subes a un cochecito después de la compra en el supermercado, el día que no lo hagas por falta de tiempo o monedas, puede tener una rabieta. Explica de antemano cambios en las rutinas y ofrécele otra alternativa al aliciente perdido. “Hoy no tendremos tiempo de ir a los cochecitos, pero a cambio, después de preparar la comida vamos a ir al parque grande que tanto te gusta.”
No cedas ante una rabieta
Es esencial que las rabietas no le resulten eficaces al niño para conseguir lo que quiere. Si se tira al suelo en una tienda porque quiere un juguete, no se lo compres. Si lo haces el niño aprenderá que las rabietas son un buen método para satisfacer sus deseos.
Es importante, también, enseñarle al niño métodos sanos para lidiar con sus sentimientos desagradables, para que sepa qué hacer en lugar de tener una rabieta. Háblale de los distintos tipos de emociones, y qué hacer ante ellas. Por ejemplo explícale que si se siente triste o enfadado puede venir a contártelo y charlar sobre ello, o que también puede respirar profundamente para calmarse.
Ignorar las rabietas es la mejor herramienta para extinguirlas
El no hacer caso de las rabietas es el mejor método para que éstas vayan disminuyendo. En un principio puede que grite más fuerte y patalee con más rabia, pero si puedes ignorarla hasta que termine, le estás enseñando que no es una manera eficaz de llamar la atención.
También puedes usar el “tiempo aparte”
Si el comportamiento del niño es demasiado perturbador para permanecer en un lugar público, puedes llevarlo al coche y esperar que se serene, poniéndolo en tiempo aparte.
Algunos niños pueden tener rabietas, se tiran al suelo golpeando con brazos y piernas y profiriendo alaridos o gritando, a veces en la calle, dejando a los padres avergonzados y sin saber cómo actuar.
El primer paso es ver por qué los niños tienen rabietas. Generalmente hay dos razones principales. La primera es la imposibilidad para controlar sus emociones. Cuando los niños no pueden regular sus emociones no están muy seguros sobre qué hacer cuando se sienten tristes, enfadados o frustrados. Por lo que se tiran al suelo, dan patadas y gritan, en un intento por decir: “Ayúdame, estoy fuera de control”.
La otra razón por la que los niños cogen rabietas es para controlar ellos la situación, y conseguir algo que quieren.
Prevenir las rabietas
Algunas rabietas pueden evitarse antes que ocurran. Observa el momento en que tu niño es más dado a exhibirlas: ¿cuando está cansado, o tiene hambre? Si es así planea las actividades, que suponen un exigencia para el niño, cuando éste esté descansado y haya comido.
A veces las rabietas se pueden producir por no haberse cumplido las expectativas del niño. Por ejemplo si siempre le subes a un cochecito después de la compra en el supermercado, el día que no lo hagas por falta de tiempo o monedas, puede tener una rabieta. Explica de antemano cambios en las rutinas y ofrécele otra alternativa al aliciente perdido. “Hoy no tendremos tiempo de ir a los cochecitos, pero a cambio, después de preparar la comida vamos a ir al parque grande que tanto te gusta.”
No cedas ante una rabieta
Es esencial que las rabietas no le resulten eficaces al niño para conseguir lo que quiere. Si se tira al suelo en una tienda porque quiere un juguete, no se lo compres. Si lo haces el niño aprenderá que las rabietas son un buen método para satisfacer sus deseos.
Es importante, también, enseñarle al niño métodos sanos para lidiar con sus sentimientos desagradables, para que sepa qué hacer en lugar de tener una rabieta. Háblale de los distintos tipos de emociones, y qué hacer ante ellas. Por ejemplo explícale que si se siente triste o enfadado puede venir a contártelo y charlar sobre ello, o que también puede respirar profundamente para calmarse.
Ignorar las rabietas es la mejor herramienta para extinguirlas
El no hacer caso de las rabietas es el mejor método para que éstas vayan disminuyendo. En un principio puede que grite más fuerte y patalee con más rabia, pero si puedes ignorarla hasta que termine, le estás enseñando que no es una manera eficaz de llamar la atención.
También puedes usar el “tiempo aparte”
Si el comportamiento del niño es demasiado perturbador para permanecer en un lugar público, puedes llevarlo al coche y esperar que se serene, poniéndolo en tiempo aparte.
CÓMO PREVENIR PELEAS ENTRE HERMANOS
1. No hagas comparaciones entre los hermanos o ningún otro niño. Los padres a veces hacen comparaciones buscando estimular al niño a mejorar. Pero, por el contrario, las comparaciones lo que provocan son envidias y recelos.
2. Haz que cada niño se sienta especial y único. Cada niño tiene su personalidad e intereses propios. Incentiva el desarrollo de esos intereses únicos. Habla con los niños por separado. Reafírmales que los queréis a todos por igual.
3. Presta mucha atención individual a cada uno de ellos. Hay estudios que muestran que 15 o 20 minutos de atención personalizada con un niño por día, reduce significativamente su comportamiento agresivo.
4. Asegúrate que los niños tienen suficiente espacio personal. Si tienen que compartir habitación, arregla los muebles, en lo posible, en dos espacios separados.
5. Mantén separados a los niños cuando están cansados, o hambrientos, pues eso crea situaciones propicias para el enfrentamiento.
6. No hagas responsable al mayor del cuidado del pequeño. Eso puede crear resentimiento con el tiempo.
7. Enseña a los niños cómo negociar y llegar a un acuerdo. Aprender a cambiar un juguete por otro, y aprender a tomar turnos constituyen las primeras lecciones en el arte de la negociación para el niño.
8. Establece normas de respeto en la casa. “En esta familia no se insulta, ni se pega.” Y establece consecuencias para la ruptura de las mismas. Las más adecuadas son las de reparación. El que falta al respeto tiene que hacer algo a favor del otro para resarcirlo.
9. Desarrolla la empatía en tus niños. Comenta los sentimientos de otros niños: “Mira a María. Está llorando. Creo que está triste. Vamos a ver qué podemos hacer para ayudarla.”
10. Muestra empatía por los sentimientos de tus hijos, pero ponles límites a la manera de expresarlos: “cuando tu hermano te desordena tus cosas entiendo que te enfades, pero no puedes pegarle.”
11. Sienta el modelo a seguir. Trata a todos respetuosamente, incluidos los niños, la pareja, el coche que se te cruza en el tráfico …
12. Nunca pegues a tus niños. Los estudios muestran que los niños a los que se les grita, y pega como método disciplinario, son más tendentes a desarrollar comportamientos agresivos.
13. Recuerda alabar a los niños por los comportamientos adecuados.
14. Ignora pequeños encontronazos. Mantenerse al margen en pequeñas peleas sin importancia permite a los niños a ir aprendiendo a resolver sus desavenencias. Siempre mantén un “ojo” para que la situación esté controlada.
1. No hagas comparaciones entre los hermanos o ningún otro niño. Los padres a veces hacen comparaciones buscando estimular al niño a mejorar. Pero, por el contrario, las comparaciones lo que provocan son envidias y recelos.
2. Haz que cada niño se sienta especial y único. Cada niño tiene su personalidad e intereses propios. Incentiva el desarrollo de esos intereses únicos. Habla con los niños por separado. Reafírmales que los queréis a todos por igual.
3. Presta mucha atención individual a cada uno de ellos. Hay estudios que muestran que 15 o 20 minutos de atención personalizada con un niño por día, reduce significativamente su comportamiento agresivo.
4. Asegúrate que los niños tienen suficiente espacio personal. Si tienen que compartir habitación, arregla los muebles, en lo posible, en dos espacios separados.
5. Mantén separados a los niños cuando están cansados, o hambrientos, pues eso crea situaciones propicias para el enfrentamiento.
6. No hagas responsable al mayor del cuidado del pequeño. Eso puede crear resentimiento con el tiempo.
7. Enseña a los niños cómo negociar y llegar a un acuerdo. Aprender a cambiar un juguete por otro, y aprender a tomar turnos constituyen las primeras lecciones en el arte de la negociación para el niño.
8. Establece normas de respeto en la casa. “En esta familia no se insulta, ni se pega.” Y establece consecuencias para la ruptura de las mismas. Las más adecuadas son las de reparación. El que falta al respeto tiene que hacer algo a favor del otro para resarcirlo.
9. Desarrolla la empatía en tus niños. Comenta los sentimientos de otros niños: “Mira a María. Está llorando. Creo que está triste. Vamos a ver qué podemos hacer para ayudarla.”
10. Muestra empatía por los sentimientos de tus hijos, pero ponles límites a la manera de expresarlos: “cuando tu hermano te desordena tus cosas entiendo que te enfades, pero no puedes pegarle.”
11. Sienta el modelo a seguir. Trata a todos respetuosamente, incluidos los niños, la pareja, el coche que se te cruza en el tráfico …
12. Nunca pegues a tus niños. Los estudios muestran que los niños a los que se les grita, y pega como método disciplinario, son más tendentes a desarrollar comportamientos agresivos.
13. Recuerda alabar a los niños por los comportamientos adecuados.
14. Ignora pequeños encontronazos. Mantenerse al margen en pequeñas peleas sin importancia permite a los niños a ir aprendiendo a resolver sus desavenencias. Siempre mantén un “ojo” para que la situación esté controlada.
Cuando intervengas en las peleas:
1. Mantén la calma. Los estudios muestran que lo más importante que los padres pueden hacer para enseñar a sus hijos el control de las emociones y las situaciones, es mantener la calma ellos mismos.
2. No tomes partido ni te preocupes sobre quién empezó la pelea. Una vez que intervengas, trata a los niños por igual.
3. Di algo como: “las reglas de esta casa son tratarse con cariño y respeto. He oído gritos y palabras inadecuadas. ¿Podéis solucionar vuestras desavenencias o necesitáis estar separados para calmaros?”
4. Si piden continuar jugando y que no los separes, adviérteles que si tienes que intervenir otra vez los separarás para que se calmen.
5. Si hay un niño realmente enfadado, sepáralos. Hay padres que mandan a los niños a sus respectivas habitaciones. Una solución menos drástica es mandarlos a partes separadas de la habitación en la que están, de espaldas uno al otro, y ponerlos a leer. Es un buen modo para que se calmen y practique lectura.
6. Si suplican que no los separes, diles algo como: “todos necesitamos 15 minutos para calmarnos. Después de ese período de calma, una vez que tengamos la casa en paz de nuevo, entonces estaréis preparados para jugar juntos de modo respetuoso.”
7. Si uno de los niños está tan enfadado que no puede permanecer quieto, permítele un método alternativo para calmarse. Puedes decirle: “sé que estás enfadado, pero no se pega. Si quieres puedes ir a tu habitación, cerrar la puerta y gritar lo enfadado que estás, o puedes coger papel y lápiz y pintarme lo enfadado que estás. Pero no se permite pegar.”
8. Una vez todos estén calmados, llama a los niños. Pídeles que charlen civilizadamente sobre cómo pueden prevenir nuevas peleas en el futuro. Instales a que tomen turnos hablando y a que escuchen atentamente al otro. Pídeles que cuando terminen te digan qué ocurrió (“Queríamos jugar a cosas distintas”), y qué piensan hacer para evitar otra pelea cuando eso vuelva a ocurrir (“Vamos a jugar media hora a un juego, y media hora al otro”, o “vamos a echarlo a cara o cruz”). Si no pueden ellos llegar a un acuerdo, ayúdales tú a llegar a un compromiso que satisfaga a ambos.
1. Mantén la calma. Los estudios muestran que lo más importante que los padres pueden hacer para enseñar a sus hijos el control de las emociones y las situaciones, es mantener la calma ellos mismos.
2. No tomes partido ni te preocupes sobre quién empezó la pelea. Una vez que intervengas, trata a los niños por igual.
3. Di algo como: “las reglas de esta casa son tratarse con cariño y respeto. He oído gritos y palabras inadecuadas. ¿Podéis solucionar vuestras desavenencias o necesitáis estar separados para calmaros?”
4. Si piden continuar jugando y que no los separes, adviérteles que si tienes que intervenir otra vez los separarás para que se calmen.
5. Si hay un niño realmente enfadado, sepáralos. Hay padres que mandan a los niños a sus respectivas habitaciones. Una solución menos drástica es mandarlos a partes separadas de la habitación en la que están, de espaldas uno al otro, y ponerlos a leer. Es un buen modo para que se calmen y practique lectura.
6. Si suplican que no los separes, diles algo como: “todos necesitamos 15 minutos para calmarnos. Después de ese período de calma, una vez que tengamos la casa en paz de nuevo, entonces estaréis preparados para jugar juntos de modo respetuoso.”
7. Si uno de los niños está tan enfadado que no puede permanecer quieto, permítele un método alternativo para calmarse. Puedes decirle: “sé que estás enfadado, pero no se pega. Si quieres puedes ir a tu habitación, cerrar la puerta y gritar lo enfadado que estás, o puedes coger papel y lápiz y pintarme lo enfadado que estás. Pero no se permite pegar.”
8. Una vez todos estén calmados, llama a los niños. Pídeles que charlen civilizadamente sobre cómo pueden prevenir nuevas peleas en el futuro. Instales a que tomen turnos hablando y a que escuchen atentamente al otro. Pídeles que cuando terminen te digan qué ocurrió (“Queríamos jugar a cosas distintas”), y qué piensan hacer para evitar otra pelea cuando eso vuelva a ocurrir (“Vamos a jugar media hora a un juego, y media hora al otro”, o “vamos a echarlo a cara o cruz”). Si no pueden ellos llegar a un acuerdo, ayúdales tú a llegar a un compromiso que satisfaga a ambos.
